19 enero 2016

La estatua de Coslada tiene tetas

El municipio de Coslada tiene, desde el pasado miércoles, nueva vecina. Su nombre es aún desconocido y su edad, digamos, incalculable. De momento, lo único que se sabe de ella es quién es su padre, el artista hiperrealista Antonio López, y sus medidas, cinco metros de altura y cuatro de ancho.

¿Y de pecho? «Yo diría que una 200», comenta entre risas Joaquín, un cosladeño que, «aprovechando el solecito», se acercó ayer con sus hijos de 7 y 9 años a la glorieta donde permanece instalada La mujer de Coslada. 

Una estatua de bronce que representa el torso desnudo de una joven y que ya es motivo de orgullo entre los residentes de este municipio ubicado en el Corredor del Henares.

Como Joaquín, decenas de vecinos fijaron en su hoja de ruta dominguera la visita a la efigie, situada en la glorieta donde desemboca la Avenida de la Constitución. Armados con una pistola (de pan) y el periódico, acompañados por la familia y la mascota... Era raro ver al cosladeño que, aunque sea sólo durante un par de minutos, no se parase a contemplar la figura desnuda de la mujer y realizar, en petit comité, algunas valoraciones.

Otros aprovecharon para fotografiarla con la ayuda de su teléfono móvil y hubo quien dibujó su silueta en un cuaderno de bocetos. Los más atrevidos, incluso, se acercaron a la escultura para tocar su bronceada piel o hacerse fotos, desde la distancia, palpando sus senos.

Todos los vecinos consultados consideraron que la efigie «es bonita», aunque hubo algunas discrepancias en relación con su emplazamiento o con el dinero invertido en su realización. Luisa, «cosladeña de toda la vida», echa en falta unos focos porque, dice, «por la noche la zona está muy oscura y es algo triste». 

En el mismo sentido, Matilde, de 73 años, considera que «el espacio donde se ha instalado la estatua es muy soso» y recomienda al Ayuntamiento «la plantación de unas flores o la instalación de una fuente que den color y vida a la glorieta».

El asunto, por supuesto, también se ha convertido en debate de barra de bar. Dice Antonio, quien había salido «a tomar una cervecita» en compañía de su señora, que «el gasto en la estatua es, en tiempos de crisis, excesivo». El coste total ha sido de 450.000 euros a cargo, únicamente, del Gobierno central. «Yo creo que en estos momentos hay otras necesidades sociales que deberían cubrirse antes de pagar ese dineral», argumentó la misma fuente.

Tampoco pasa desapercibida entre los vecinos la escasa vestimenta de la efigie, inspirada, según el propio autor, en una alumna de la Facultad de Bellas Artes de Madrid. «Su desnudez es algo bonito y muestra a la mujer al natural. No veo nada de erotismo en ella», valoró Araceli, otra de los transeúntes que con una mano protegía sus ojos del sol y con la otra apuntaba de forma directa a la efigie. «Aunque ya sabes que hay gente con la mente muy cerda», remató de forma más tímida Pedro, su marido.

Paqui, de 76 años, le pondría «una bufandita, porque si no en invierno va a coger frío». Fernanda, su compañera de paseo, le preguntaba a continuación si sabía por qué la estatua no estaba mirando al casco histórico del municipio. 

Claro, es porque está mirando en sentido a la salida del sol», respondía, muy enterada, la primera. Sin embargo, no hay necesariamente que saber de escultura para hacer juicios sobre la obra. Yo es que no entiendo mucho de arte, pero lo que sí te puedo decir es que tiene buenas bufas, bromeó el portavoz de una pandilla juvenil. Este grupillo tomó durante unas horas uno de los bancos instalados a modo de mirador en la misma glorieta, para disgusto de algunos ancianos que paseaban por el lugar.

Lo que está claro es que para jóvenes y mayores, La mujer de Coslada es motivo de orgullo vecinal, ya que hace de esta ciudad la tercera del mundo que tiene en su haber una obra de arte del escultor manchego, igualándola con Madrid o Boston.

La estatua se puede convertir además en un reclamo turístico para el pueblo. Luisa y Javier, residentes en el madrileño barrio de Chamberí, aprovecharon la mañana para acercarse a ver la escultura en primera persona. «Es la primera vez que venimos a Coslada en nuestra vida», comentó ella. «Queríamos disfrutar de esta gran obra de arte», apuntó él.

Ahora, el principal miedo entre los cosladeños es que su nueva vecina sea percutida por algunos grupos de gamberros. «Está muy sola y por la noche esto está muy oscuro. A ver cuánto tardan en pintarla y ensuciarla...», pronosticó otra residente. Para ésta, el único consuelo es lo cerca que se encuentra la comisaría de Policía.

La estatua se puede convertir en un reclamo turístico para el pueblo.

El principal miedo entre los cosladeños es que sea percutida por grupos de gamberros.

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